Seguramente el topónimo de Manquillos provenga del verbo latino “manare”, manar, chorrear agua, mas el subfijo diminutivo “_illos” por lo cual significaría “el lugar de los manantialillos”.

Se halla ubicada la villa de Manquillos en la frondosa y feraz vega del río Carrión, lo que genera que sea un lugar sosegado y apacible.
Su Iglesia parroquial dispone de una cabecera románica del siglo XII y que con tan solo una nave, ésta de principios del siglo XIII, con arcos apuntados, bóveda de cañón y bóvedas de aristas reformadas en el siglo XVII. El coro alto se levanta a los pies y su torre, ésta de tres cuerpos y de piedra. Dispone de dos portadas: la del evangelio con cuatro roscas de medio punto y la de la epístola con arcos apuntados del siglo XIII.

Iglesia Parroquial

Su pila bautismal, en el lado del Evangelio, es de finales del siglo XVI, en ese mismo lado, una estatua de San Quirico niño del XVII, dos retablos rococós de finales del siglo XVIII y en el ático, una escultura de San Sebastián del siglo XVI. El retablo del Presbiterio es barroco y cuenta con dos esculturas: una de Santa Bárbara y otro de la Virgen con el Niño, ésta del siglo XVI. En el lado de la Epístola, con retablo rococó, de finales del siglo XVIII, dispone de una escultura de San Blas y otra bastante interesante de la Virgen con el Niño del siglo XVI.
Existió en el término municipal de Manquillos una ermita, bajo la adoración de San Clemente.

Aún a finales del siglo XVIII, conforme al censo de la Floridablanca, Manquillos pertenecía al conde de Altamira. Disponía la de un total de 286 habitantes a mediados del siglo XIX, de 265 en 1900, de 210 en 1930, de 160 en 1960 y de solamente 70 en 2005.